Entrevista a Gregor Burkhart del Observatorio Europeo de Drogas

Fuente: Redacción. Mireia Pascual.

Entrevista a Gregor Burkhart del Observatorio Europeo de Drogas: «Hoy en día ya nadie cree que la reducción de daños sea la antítesis de la prevención»

Gregor Burkhart es miembro del Observatorio Europeo de Drogas (European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction) desde sus inicios en los años 90. Ha vivido la creación de los distintos indicadores y los cambios en las políticas de drogas en toda Europa, ahora mucho más objetivos y menos basados en ideologías. Su principal trabajo es la prevención y destaca en la actualidad por fomentarla desde la primera infancia mediante la dotación de herramientas que permitan mejorar la gestión emocional y sobre todo el control de los impulsos.

¿Cómo nace el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction y cuál es su principal labor?

Físicamente se fundó y estableció en Lisboa en 1995. En ese momento Portugal tenía la presidencia de la Unión Europea e insistió en que la agencia europea de drogas estuviera ahí, porque también en ese momento era el problema social percibido más grande en Portugal. Y en España también. Al inicio se fundó con dos departamentos científicos, uno se ocupaba de reducción de la demanda y el otro de epidemiología. Éramos solo 15 personas. Poco a poco fue creciendo y desarrollamos los indicadores claves sobre epidemiología y todo el trabajo de monitoreo sobre prevención y reducción de daños y tratamiento.

¿Cuál fue el por qué del Observatorio cuando nace?

Nace porque había enormes conflictos entre los Estados Miembros porque los datos que cada uno tenía no eran comparables entre ellos. Había, por ejemplo, la impresión de que Holanda era “el país de las drogas”, que ahí estaba todo liberalizado y por eso tenían muchos problemas, o que Suecia era el país más limpio, con la política más eficaz y con menos problemas de drogas, etc. Y tras 25 años de trabajo por nuestra parte, hay una completa paz entre los Estados Miembros. Todo el mundo se dio cuenta que todas esas asunciones son mitos y que los datos ahora son confiables y comparables y tenemos una posición común, que solo se ve afectada a veces por cuestiones políticas, pero no en cuestiones técnicas. Hoy en día tenemos unas estrategias y una visión mucho más homogénea y harmonizada en Europa.

¿Qué ha ocurrido en Europa para que las estrategias en drogas entre países sean tan homogéneas?

La comparabilidad de los datos ha facilitado que la gente sea más modesta. Por ejemplo, se ha visto que la reducción de daños sí que sirve para reducir problemas que en el fondo son los más importantes que el consumo en sí: las muertes por sobredosis, las enfermedades infecciosas, etc. La gente se ha hecho más humilde en la valoración de sus propias estrategias. La gente usa datos en vez de cuestiones ideológicas y por eso tenemos un continente que tiene una visión bastante clara y homogénea sobre políticas de sustancias psicoactivas y el respeto por los derechos humanos. Esas cosas de los años 90 cuando se creía que la reducción de daños era la antítesis de la prevención, hoy en día ya nadie lo dice, es algo muy anticuado. Hemos perdido mucha ideología comparándonos con el resto del mundo.

¿Por qué es importante el papel del Observatorio?

Es necesario para ver si hay un problema, donde hay un problema y donde se puede actuar. Obviamente se puede mejorar para llegar del monitoreo a las respuestas, a lo mejor necesitamos llegar más allá de datos sobre los niveles del consumo: a  entender cuáles son los factores que influyen la iniciación y la continuación del consumo. Sí que tenemos datos, pero son escasos todavía, por ejemplo, necesitaríamos conocer el papel de las familias, del medio ambiente, etc. Sí que publicamos la importancia del monitoreo de las respuestas, ver qué se está haciendo y contrastar esto con los niveles del consumo o de enfermedades infecciosas. Mis compañeros por ejemplo, analizan qué hay en cada país (si hay tratamiento de sustitución de opiáceos, jeringuillas disponibles, medidas de prevención de sobredosis, etc.) y lo contrastan con los datos (de VIH, de muertes por sobredosis, consumos problemáticos, etc.). Esto en prevención es más complejo. En reducción de daños hay tres o cuatro medidas importantes y eficaces que se pueden implementar (o no). Las campañas de mass media no pertenecen a ellas. En prevención tienes que trabajar en más frentes, en cosas menos intuitivas o incluso contraintuitivas, etc.

¿Ha cambiado la tendencia de las políticas que se han hecho en los distintos países desde que surge el Observatorio hasta ahora para paliar estos consumos?

Mucho. Hace años la reducción de daños no se podía ni mencionar en algunos países. Esto ha cambiado completamente. Todos los países ven la reducción de daños como un objetivo correcto, legítimo y normal. La conceptualización social del problema de las sustancias psicoactiva es hoy en día mucho más pragmática. Lo noto mucho y me da mucho escalofrío cuando veo lo que dicen en otros continentes y países que tienen aún un concepto muy moralista y criminalizante del problema de las drogas. Incluso en EEUU esto sigue siendo así, una concepción muy individualizada, como que uno es responsable de las decisiones individuales, dejando de lado el papel de los entornos físicos, regulatorios, económicos y sociales. Ha cambiado la visión sobre reducción de daños y sobre prevención. Antes había pocos datos, pocos programas, poca exigencia en la calidad, las estrategias legales y jurídicas han cambiado también mucho. La no criminalización del problema de las drogas está en muchos países. En muchos países no vas a la cárcel por posesión de sustancias.

¿Cuáles son los mayores retos que enfrenta Europa en materia de drogas?

El mercado tan cambiante: hay muchas sustancias sintéticas nuevas, algunas de ellas muy nocivas y peligrosas. Es fenómeno aumentó en los últimos años. Tenemos ahora potentes cannabinoides sintéticos, hay el fentanilo, etc.  Otro reto es la cuestión de la legalización, va a ser una aventura grande de ver cómo se hace, si se hace bien y cuáles son los resultados. Otro reto es la prevención del alcohol, porque en muchos países el alcohol ha sido recién añadido a los planes de drogas. Cuando arrancamos hace 25 años, el alcohol no se consideraba una droga en varios países. Fíjate como ha cambiado esto que a principios de siglo la gente preguntaba si el alcohol era una droga, y hoy para el Plan Nacional sobre Drogas español es la sustancia más importante por la que trabajar porque es la más consumida, también por los menores.

¿Cuál es la sustancia que más preocupa al Observatorio y por qué?

Hay que tener en cuenta que no monitoreamos alcohol y tabaco. El Observatorio se ocupa cada vez más de sustancias nuevas que surgen y que se encuentran en decomisos de la policía, pero no son sustancias que llegan a altas prevalencias. Son nuevas y algunas hacen mucho daño como el fentanilo.

La sustancia que más nos preocupa es el cannabis. Su potencia ha aumentado mucho y hay que ver si esto se puede mejorar con la regulación que plantea la legalización. La cuestión es si con esto se puede evitar que en el mercado haya tantos cannabinoides sintéticos, que son muy potentes, están mal regulados y son muy peligrosos. Estas sustancias se mueven en el mercado ilícito, también por la Darknet, pero no es la forma más predominante. Durante la pandemia, los mercado ilícitos se han mostrado bastante resilientes.

Usted se dedica a la prevención, ¿Se puede prevenir desde la primera infancia?

Este es precisamente el punto que intentamos resaltar últimamente: que la gran falacia de la prevención es que todo el mundo cree que la prevención es hablar a los de 13 años sobre las cosas que no deben hacer. En realidad, el concepto clave es el autocontrol y eso se aprende o no en la primera infancia. La prevención que empieza en edades tempranas o cuando aún están en el útero, esta sería más prometedora. Que los niños aprendan desde temprano a orientarse en sus entornos sociales y físicos y aprender sobre todo controlarse a si mismos en diversas situaciones sociales.

Se habla más de dotar de herramientas que de hablar directamente de la sustancia.

Exacto. Hablamos de desarrollo positivo o nutritivo para que haya ambientes físicos y sociales donde se aprendan esas herramientas y que no hayan de pasar por situaciones de violencia, sexo sin protección, etc. Todos estos problemas tienen en común los mismos factores de riesgo con los problemas por drogas y está todo muy relacionado con el control de los impulsos. O sea: que esto no se resuelve con medidas informacionales, sino que hay que pensar más en medidas que comienzan más temprano en la vida. Hay que aprender a reconocer las emociones, saber nombrarlas y saber cómo lidiar con los impulsos. Y esto sabemos que es eficaz, y tenemos ya programas en nuestros registros Xchange para que se puedan aplicar desde los 6 años en las escuelas. Y el resultado de su aplicación se notará años más tarde.

Entiendo que para usted unas jornadas puntuales son insuficientes…

Entiendo la voluntad y las ganas. Los políticos quieren hacer algo que sea visible, pero ellos saben perfectamente que este tipo de intervención no sirve; lo hacen porque así pueden demostrar al público que están haciendo algo. La gente no consume sustancias porque no conozca sus peligros, asilo sabemos harto bien. Los jóvenes conocen bastante las substancias, es cierto que hay algunos mitos sociales que se pueden trabajar y corregir. La mayoría de los que apoyan este tipo de prevención “de información” desconoce cómo funciona un adolescente: tomar riesgos forma parte de su desarrollo fisiológico, esto puede incluir experimentar con substancias o comportamientos de riesgo. Cuanto más les dices que esto es arriesgado y peligroso, más incentivas quizás sus ganas de hacerlo. Lo que hay que hacer es trabajar sobre los ambientes en los que se mueven y capacitarlos para mejorar su autocontrol.

Todo desde la evidencia científica…

Sí, programas y medidas locales, pero es también crear ambientes en los que el consumo de sustancias sea menos visible, menos aceptado, menos facilitado etc. La evidencia dice que la percepción de riesgo es una consecuencia del consumo observado. Es consecuencia de la normalización. Es decir que hay que cambiar algo en esa normalización.

¿Quién debe ejercer esta prevención?

Debe venir de los poderes públicos en primer lugar. Si tienes un espacio vacío, imagina una sociedad sin gobierno, siempre habrá tratamiento, la gente se organizará para encontrar un terapeuta. La prevención es muy diferente, no puede ser autoorganizada, tiene que ser alguien con herramientas científicas que pongan el foco en el problema, que son difíciles de ver y que no son intuitivos y hay que actuar y delegar esto luego a la sociedad civil. Mucho de lo que es eficaz en prevención es contraintuitivo;  por eso tiene que ser un experto con conocimiento de las ciencias de la prevención que sea capaz de indicar el camino.

Por eso tengo muchas dudas sobre el  lema que hay hoy en día de que el grupo diana tiene que estar involucrado siempre en el desarrollo de la prevención. Se omiten cuestiones, por ejemplo, como la percepción de las normas. Tenemos estudios que afirman que tu riesgo de hacer borrachera incrementa hasta en dos veces si no tienes buena relación con tus padres, o si tienes problemas académicos, pero se incrementa por el factor diez si crees que tu grupo de amigos consume. Son cosas que no saben ni los propios jóvenes-. No se dan cuenta que ellos frecuentemente sobrestiman el consumo de los otros.

Está perfecto preguntarlos en la implementación de las medidas para ver cómo se pueden mejorar, o en la adaptación pero no necesariamente en el desarrollo de las intervenciones preventivas.

 

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