Alcohol e inteligencia

marzo 27, 2015

Un reciente estudio de un instituto sueco desacreditó la creencia de que las personas con mayor coeficiente intelectual son más proclives al alcoholismo.

 

Fuente original: lanacion.com.ar |  27/03/2015

 

A la hora de combatir una adicción cada vez más extendida como el alcoholismo, resulta sumamente valioso sumar experiencias y estudios que se realizan con el mismo fin en distintas partes del mundo, conscientes de que se deben evitar las generalizaciones, pues pueden presentarse diferencias según las distintas culturas.

Distintas aproximaciones al tema a lo largo del tiempo sugerían de forma un tanto inconsistente que eran las personas con mayor coeficiente intelectual las más proclives a caer víctimas de la adicción al alcohol.

Pero un reciente estudio del Instituto Karolinska, de Estocolmo, Suecia, uno de los centros médicos europeos más prestigiosos y vanguardistas, demuestra todo lo contrario: la baja habilidad cognitiva se asociaría con mayor riesgo de abuso y dependencia del alcohol.

Los investigadores del referido centro de estudios señalan también que para una minoría de individuos podría ocurrir al revés: que el consumo de alcohol conduzca al deterioro cognitivo, siendo esto menos probable entre los jóvenes.

El trabajo buscó asociar el coeficiente intelectual con el consumo y su patrón en adolescentes tardíos, así como su prolongación en la adultez. A partir de una muestra de casi 50.000 jóvenes suecos nacidos entre 1949 y 1951, que completaron cuestionarios durante el servicio militar entre 1969 y 1970, los investigadores explican que, en Suecia, un menor coeficiente se liga, muy razonablemente, con menores oportunidades, problemas socioeconómicos y emocionales muchas veces presentes desde la primera infancia. Parecería lógico considerar que a mayor inteligencia, mayor es la capacidad para elegir una vida más saludable.

Ellos mismos señalan que, en países con redes de protección social menos desarrolladas y con alto consumo de alcohol en los estratos de menores ingresos, la afirmación podría ser más taxativa que en los países que económicamente presentan menos desigualdades.

Si bien, como los propios investigadores señalan, será necesario ahondar en el estudio y la evaluación de lo observado para sostener cualquier conclusión, lo aportado sirve para que toda sociedad vuelque una vez más la atención hacia este doloroso y preocupante problema que se extiende entre nuestros jóvenes y que condiciona gravemente el futuro.

Atender convenientemente la situación de los más excluidos del sistema plantea, también en relación con la adicción al alcohol, una urgencia que no podemos soslayar ni desconocer.

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