¿Cuándo debo preocuparme si ‘pillo’ a mi hijo borracho?

Fuente: www.farodevigo.es. María Dotor.

La curiosidad y el deseo de exploración propios de la adolescencia pueden llevar a los jóvenes al consumo de sustancias tóxicas. ¿Cuándo debemos preocuparnos?

La adolescencia es una etapa caracterizada por una gran inestabilidad
emocional y por una tendencia natural a romper con los establecido y buscar
actividades arriesgadas. La combinación de todo ello crea las condiciones idóneas
para el consumo de sustancias, entre ellas, el alcohol.

De los datos obtenidos en España, sabemos que los jóvenes empiezan a consumir
las drogas principales (tabaco, alcohol, cannabis, cocaína) un poco más tarde de lo
que lo hacían hace seis años, pero el consumo general ha aumentado. Es decir, el
consumo de alcohol solía empezar a una media de 13,9 años, mientras que ahora es
de 14,1 años. Por tanto, se empieza más tarde, pero se consume más.
El alcohol como vía de escape
El deseo de probar cosas nuevas no es el único motivo por la que un preadolescente
o adolescente prueba las drogas. Tal y como ocurre con los adultos, el hecho de que
nuestro hijo o hija se tome una copa o se fume un porro puede estar relacionado
con un deseo de alejarse de todos los aspectos menos favorables de su realidad: por
una parte, de los conflictos internos, las inseguridades, la incertidumbre y, por otra,
de las dificultades externas, como pueden ser las expectativas de los adultos que
los rodean, los exámenes, los problemas familiares…
«Recurrir a la utilización de sustancias tóxicas para gestionar dichas ansiedades
puede ser problemático, ya que, una vez que se convierte en hábito, le puede causar trastornos crónicos y dificultades más serias», dice la pedagoga Lola Álvarez en el
libro ‘Pero ¿qué te pasa? Diez claves para entender la adolescencia en positivo’.
El motivo es que «el placer o subidón ofrece una huida de cualquier sensación de
malestar, pero solo de forma momentánea, por lo que les será necesario repetir
una y otra vez».
La actitud de los padres frente a este consumo
Resulta muy determinante nuestra actitud frente al consumo de nuestros hijos.
Según Lola Álvarez, decir: «yo probé de todo en mi juventud y nunca fui adicto» es,
en cierto modo, transmitir el mensaje de que es algo habitual a su edad y que no
hay por qué preocuparse».
Además, resulta muy incongruente prohibir consumir algo que nosotros
consumimos de forma habitual. Algo que suele ocurrir con sustancias como el
alcohol o el tabaco. Lo consumimos delante de nuestros hijos de forma habitual,
pero les decimos que es nocivo para la salud. Además, existe el factor cultural: en la mayoría de familias españolas, se suele
consumir alcohol de forma habitual durante las comidas, aún más en las
celebraciones, lo que hace que los padres seamos más permisivos hacia el consumo
que hacen nuestros hijos.


‘Tranqui, yo controlo’. ¿Cómo saber si
nuestro hijo ha perdido el control?
«Experimentar con drogas es una cosa, pero crear un hábito es otra muy distinta»,
nos dice Lola Álvarez. Entonces, ¿cómo podemos saber si estamos ante una
situación seria?
La Academia Americana de Pediatría advierte de que «cuando un padre sospecha
que su adolescente tiene un problema con las drogas, puede que ya tenga un
problema grave». Esta afirmación se debe a los resultados de algunas
investigaciones, las cuales han demostrado que una gran cantidad de jóvenes
llevaban más de dos años consumiendo alcohol y otras sustancias sin que sus
madres o padres lo supieran.
Los consejos que da la Asociación Americana de Pediatría son los siguientes:

Confía en tus instintos

Si tenemos esa sensación perturbadora de que nuestro hijo adolescente puede
estar involucrado en drogas, no demos ignorarlo. Debemos hablar con él y
explicarle detalladamente nuestras inquietudes. Y estar preparados: nuestro hijo

Vigilar la situación
Si nuestro hijo niega su consumo de sustancias, no descartamos la posibilidad de
que nos esté mintiendo. Debemos seguir en alerta.
Consultar con su pediatra o médico
Conversar con el pediatra de nuestro hijo siendo explícitos en los detalles. Es
posible que nuestro hijo tenga un problema médico o de salud mental que
presente cambios conductuales. Cualquiera que sea el origen del problema, el
pediatra puede ayudarnos a entender lo que está pasando.

Cómo abordar el tema con nuestro hijo
Una vez que hayamos confirmado nuestras sospechas, es hora de mantener una
conversación con nuestro hijo. Algunos consejos para hacerlo son:
No hablar con nuestro hijo cuando esté bajo los efectos del alcohol o de la
sustancia que consuma. Esperamos hasta que todos estemos calmados y él esté
sobrio.
Escogemos un momento en el que tengamos privacidad. Preferiblemente en
casa, cuando no haya nadie más.
Evitamos acusaciones directas. Algunos comportamientos que sugieren
abuso de sustancias, como mostrarse indiferente y distante, podrían también
ser síntomas de depresión. O quizá el adolescente esté pasando por momentos
difíciles, pero no les ha contado todos los detalles.
No debemos hacerle sentir culpable con frases como: “Vas a matarnos de un
disgusto» o «no nos esperábamos esto de ti».
Lo mejor sería tratar de expresar nuestras inquietudes de esta forma:“Hemos
notado algunos cambios en ti últimamente”, «estamos preocupados por ti, queremos
ayudarte, «sabes que puedes contarcon nosotros para lo que necesites».
La clave está en la prevención
Según coinciden todos los expertos, la clave para que nuestros hijos no caigan en
una adicción al alcohol u otras drogas pasa por la prevención, y en este sentido, la
prevención empieza en la infancia, no en la adolescencia. En la adolescencia ya En la prevención tenemos un papel fundamental los padres. Hay tres cosas que
debemos tener muy claras:
Los padres debemos dar ejemplo
Nuestros hijos crecen normalizando el consumo en estas, reuniones, terrazas,
etcétera. Se trata de un tema muy controvertido y es bueno que como padres nos
preguntemos qué uso y qué modelo estamos transmitiendo.
Comunicación
Si hay algo en lo que todos los especialistas coinciden es que la comunicación es
una protección respecto a las adicciones. Llegará un día en el que van a querer
probarlo. Una cosa es probar y otra abusar, y esto hay que hablarlo. El día a día
ofrece multitud de situaciones en las que se puede introducir el tema. A su nivel, los
niños preguntan y en esos momentos podemos aprovechar para explicarles los
efectos y las consecuencias. No hablar de las cosas no significa que no existan.
Ocio alternativo
Indudablemente, un factor de protección es el ocio. Que nuestros hijos tengan otra
alternativa a la diversión que no sea salir y beber, que hagan deporte o que tengan
hobbies evita este tipo de comportamientos.

 

El periodo de pre-matriculación, gratuita y obligatoria, para la próxima edición del MÁSTER DE FORMACIÓN PERMANENTE EN PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LAS CONDUCTAS ADICTIVAS comienza en abril.

 

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