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LAS SECUELAS PSICOLÓGICAS POST-CONFINAMIENTO

Fuente: www.elle.com. Amalia Panea.

Estrés post-traumático, ansiedad, adicciones, depresión, manías, aprensiones o tics, puede ser lo que le espera a algunas personas, mientras otras no sufrirán consecuencias significativas.

Ya sabemos que la vuelta a la “nueva normalidad” será progresiva, intermitente en algunos casos y en varias fases. Pero una vez se empiece a reconducir la situación será necesario atender las consecuencias psicológicas de esta emergencia sanitaria, especialmente en lo que se refiere a problemas de salud mental de la población general.

Desgraciadamente, y como nos corroboran desde la plataforma de psicólogos online ifeelmuchas personas tendrán a corto y medio plazo algún problema de salud mental relacionado con la emergencia sanitaria y el confinamiento, pero la mayor parte no presentará problemas significativos. “No por ello debemos sorprendernos, ante situaciones extraordinarias las reacciones humanas pueden ser también anormales, y si se trata de una situación negativa, como es el caso, se espera que nuestro organismo reaccione defensivamente ante este ‘macro-estímulo aversivo’ a través de nuestros pensamientos, emociones, conductas y reacciones fisiológicas para adaptarse a la situación”dicen los psicólogos de ifeel. “Estos intentos deben considerarse saludables mientras no supongan un coste para la persona superior a la función psicológica que están cumpliendo, que es adaptarse lo mejor posible a la situación”, subrayan.

Reacciones psicológicas nos esperan tras el confinamiento

Los psicólogos de la plataforma ifeel nos detallan cuáles pueden ser las reacciones psicólogas que podemos sufrir tras pasar tanto tiempo encerrados en casa. “En su mayoría, serán reacciones transitorias y no tienen por qué derivar en problemas de salud mental crónicos ni graves”, explican. En caso de que por la frecuencia, duración o intensidad de las reacciones la persona considere que tiene un problema significativo, según estos expertos entonces se hace necesaria la consulta con un psicólogo o, por lo menos, con su médico de cabecera. “Son tratables con ayuda especializada o bien afrontables gracias a los propios recursos personales y la red de apoyo de la persona. Son reacciones normales dadas las circunstancias, tienen una función adaptativa y deben ser interpretadas teniendo en cuenta las circunstancias de la persona”, explican.

Estas son las secuelas psicológicas que pueden aparecer tras el confinamiento y que nos explican los psicólogos de ifeel:

ESTRÉS POST-TRAUMÁTICO

Se trata de la reacción normal y adaptativa del organismo ante un evento altamente estresante, durante los primeros días desde su aparición. La situación actual aporta un agravante y es que el estímulo estresante es prolongado en el tiempo, lo cual hace que el estrés se vaya acumulando. El trauma se corresponde con las experiencias vividas durante la emergencia sanitaria que, por la razón que sea, desbordan la capacidad del individuo para procesarlas y, por tanto, generan una huella (trauma) de impotencia, incapacitación o, sencillamente, desbordamiento.

Las reacciones de estrés postraumático pueden darse a nivel mental (pesadillas, rumiación), emocional (miedo, angustia), físico (ansiedad, problemas de sueño) y conductual (inquietud motora, mayor consumo de comida u otras sustancias). Mientras no haya signos claros de que estas reacciones son disfuncionales o peligrosas, deben ser consideradas -a priori- como normales y adaptativas y en la mayoría de las personas desaparecen por sí solas. Solo una minoría desarrollará tiempo después un trastorno de estrés postraumático.

ANSIEDAD

Es un síntoma en sí mismo dentro de otros problemas de salud -como el trastorno de estrés postraumático- o asociado a otros, como una depresión. Es una reacción compleja que tiene su reflejo en el plano físico -inquietud, palpitaciones, opresión, activación alta-, en el emocional –miedo, preocupación-, y también en el mental -anticipación de acontecimientos negativos, desconfianza– o en la conducta -inquietud motora, deambulación-, sobre todo en situaciones de confinamiento.

Estas reacciones pueden estar causadas por eventos que ya han sucedido o están en curso pero también por la incertidumbre hacia el futuro: ¿Ya puedo abrazar a mis padres con normalidad? ¿Realmente mi casa o mi puesto de trabajo son lugares seguros? ¿Acabaremos todos enfermando?

En algunas personas la ansiedad se manifestará especialmente en forma de rumiaciones obsesivas, es decir, darle vueltas a un asunto en la cabeza sin parar: son un intento de dar sentido a la experiencia y encontrar significados y orden para las experiencias caóticas.

ADICCIONES

Podemos entenderlas como una manera desadaptativa de afrontar la ansiedad y el estado de ánimo bajo. No podemos obviar el hecho de que muchas conductas adictivas se han mantenido durante la cuarentena y el confinamiento, y que muchas incluso se habrán exacerbado. Tampoco podemos obviar que algunas personas desarrollarán adicciones -a sustancias o en forma de conductas repetitivas y compulsivas- como secuela de la situación que están viviendo actualmente.

DUELO

Es la reacción psicológica compleja -con múltiples características- que sigue a la pérdida de algo o alguien significativo: la muerte de un ser querido, ser despedido del trabajo, la pérdida grave de la salud, etc. La mayor parte de las personas en duelo durante estos días y los próximos meses desarrollarán duelos normales, pero muchas de ellas presentarán uno o varios factores de riesgo de complicación: circunstancias traumáticas de la muerte, muerte de familiar, no haber podido visitar o despedirse de su familiar, impotencia por no poder hacer nada o recibir ayuda, muerte inesperada, varias muertes a la vez, combinación de diferentes pérdidas, despido, enfermedad propia… Es crucial no confundir un duelo normal con una depresión.

DEPRESIÓN

Otro gran foco de reacciones, que no tienen por qué estar exentas de ansiedad sino al contrario, es el espectro de las depresiones, entendidas como un trastorno del estado de ánimo. La depresión puede ser leve y durar algunas semanas o convertirse en un estado de incapacitación profunda y prolongada. No debemos entenderla como una “tristeza muy intensa” sino como un estado paralizante, bloqueante, de negatividad, desesperanza, falta de autoestima, percepción de no ser entendido o amparado suficientemente por el entorno y, en última instancia, desvinculación progresiva de las responsabilidades y vínculos importantes de la vida de la persona en cuestión. Como cualquier otro problema de salud mental, el pronóstico puede complicarse en función de la gravedad de los estresores externos, como por ejemplo, problemas de salud añadidos, pérdida de empleo, ruina económica, muerte de seres queridos, sensación de crisis profesional o existencial…

MANÍAS, APRENSIONES, TICS, AUTOMATISMOS DIVERSOS…

Es muy posible que muchas personas experimenten ciertas conductas, emociones o pensamientos que, aunque no sean coherentes con una situación de normalidad (es decir, de no emergencia) sí pueden manifestarse durante algún tiempo como una inercia de las conductas, emociones o pensamientos que se han vivido durante la emergencia oficial, cuando sí era normal experimentar eso.

Estos fenómenos pueden ser vividos como manías, aprensiones, tics, automatismos diversos, que en tiempos de emergencia tenían un sentido pero que luego pueden ya resultar ya exagerados: son protecciones que se han automatizado, han perdido su función.

Por ejemplo, tener una sensación de inquietud, preocupación o de sentirse amenazado, evitar entrar en establecimientos donde la distancia social no pueda mantenerse, enfocar las compras de alimentos más como grandes acopios preventivos que como compras moderadas, evitar salir de casa…

Estas conductas, emociones y pensamientos hay que entenderlos a priori como respuestas naturales de algunas personas en un momento de transición a la nueva situación (cuando esta llegue) y que tienen el objetivo de adaptarse a su manera a esa nueva situación. En estos casos lo más probable es que tarde o temprano estos tics, estas inercias, que tienen por objetivo aportar seguridad a la persona, acaben extinguiéndose por sí solas, conforme la persona se vaya familiarizando con la nueva situación y vaya teniendo una experiencia en primera persona y de manera progresiva de que no hay rebrotes, de que no pasa nada por abrazar a alguien y de que no es necesario inundarlo todo de látex y lejía para prevenir. Si no se extinguen y se convierten en una verdadera complicación, entonces hay que empezar a considerar que son respuestas desadaptativas, o disfuncionales, y hay que consultar con un psicólogo para poder reconducirlas adecuadamente.

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