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CONSEJOS PARA EVITAR RECAÍDAS AL DEJAR DE FUMAR

Fuente: cuidateplus.marca.com. María R. Lagoa.

¿Quieres dejar de fumar? ¿Cómo puedes evitar las recaídas? La mejor opción para que tus
intentos por abandonar el tabaco sean un éxito es que te pongas en manos de tu médico. Existe
evidencia científica muy alta de que un tratamiento guiado por especialistas aumenta las
posibilidades de que un fumador abandone el hábito y de que no sufra una recaída. De todas
maneras, la motivación y el deseo firme de conseguirlo son esenciales.
“Dejar de fumar tiene sus dificultades pero en ningún caso son insalvables”, asegura
Andrés Zamorano Tapia, presidente del Comité Nacional para la Prevención del
Tabaquismo (CNPT), quien recuerda que la gente no fuma exactamente porque quiere sino
porque la nicotina es una sustancia muy adictiva y existe una industria tabaquera muy
interesada en que lo siga haciendo.
La condición sine qua non es la motivación, como subraya Elisardo Becoña Iglesias, director
de la Unidad de Tabaquismo y Trastornos Adictivos de la Universidad de Santiago de
Compostela (USC) y catedrático de Psicología Clínica en dicha Universidad. En este sentido, el
grupo de personas que deja más de fumar son las que tienen entre 40 y 50 años, “que es
cuando empiezan a ver los efectos negativos del tabaco en su salud y cuando se plantean
dejarlo para mejorarla”.

Solamente un 5% lo consiguen solos
Los guarismos del CNPT indican que en España hay aproximadamente 10 millones de
exfumadores (se consideran así a quienes llevan un año o más sin fumar). Según su
presidente, solo un 5% de las personas adictas que lo intentan sin ayuda profesional
consiguen convertirse en exfumadoras.
Sin embargo, con un tratamiento guiado por uno o más especialistas aumentan las
posibilidades de abandonar el hábito y disminuyen las recaídas: “Toda persona que quiera
dejar de fumar debe ponerse en contacto con el profesional de la salud más cercano. Será
incluido en un programa con visitas periódicas de seguimiento y se le aplicarán los tratamientos
que tienen evidencia científica en la actualidad: cognitivo-conductual combinado con tratamiento
farmacológico, lo que duplica y triplica las posibilidades de alcanzar el objetivo”. Este tipo de
abordaje combinado tiene un porcentaje de éxito de entre el 30% y el 40%.

Por su parte, Becoña aboga por que el fumador busque el mejor modo para dejar de fumar: “Si
lo deja por él mismo, perfecto; si no lo deja y cree que con autoayuda puede hacerlo, estará bien
el intento; pero si no lo deja con lo anterior, entonces debe pedir ayuda especializada”.
El Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo considera que atención primaria tiene
que ser el pilar de la estrategia para reducir el hábito tabáquico en la población. Zamorano
conmina a todos los médicos de familia a preguntar a sus pacientes si fuman y, si lo hacen, a
averiguar si tienen deseos de dejarlo y ofrecerles su ayuda.

Importante fijar el día D
Generalmente el tratamiento completo dura seis meses y el farmacológico tres. Es
importante encontrar un buen momento (mejor no estar sometido a estrés o tensión) siempre
que no se aplace mucho tiempo: “Hay que fijar el día D”, apunta Zamorano. La terapia cognitivoconductual se inicia haciendo reflexionar al paciente sobre los motivos que le inducen a fumar y
las causas por las que quiere dejarlo así como identificando las situaciones de riego. El
especialista le ayudará a buscar alternativas cuando se encuentra en esas circunstancias.
Los fármacos que actualmente se utilizan son seguros y eficaces. Los principales son TSN
(terapia sustitutiva de la nicotina), bupropión y vareniclina, estos dos últimos financiados por el
Sistema Nacional de Salud desde enero del 2020.
Con el bupropión el tratamiento es de ocho semanas y con la vareniclina de 12. El primero
elimina las ganas de fumar, aunque puede interaccionar con otros medicamentos que se
metabolizan a través del hígado, que son la mayoría. La vareniclina disminuye el efecto
recompensa del tabaco cuando se fuma durante la primera semana (el tratamiento permite
fumar esos primeros días) y, a la vez, favorece que el síndrome de abstinencia sea más leve.
Los efectos secundarios de la vareniclina son escasos. Uno de cada cuatro pacientes puede
tener náuseas, que se solventan tomando el medicamento siempre después de las comidas o
bajando las dosis.

Hacer el tratamiento hasta el final
Tanto Zamorano como Becoña insisten en que es importante hacer el tratamiento hasta el final
para asegurar el resultado. Precisamente un estudio publicado recientemente por el grupo de la
Unidad de Tabaquismo de la USC en la revista Addictive Behaviors concluye que acudir a todas
las sesiones programadas para dejar de fumar se relaciona con la abstinencia a largo
plazo.
Otro factor que contribuye a mantener la abstinencia es que el paciente tenga una alta
sensibilidad a la ansiedad física, “lo que significa que tiene una mayor sensibilidad relacionada
con los síntomas físicos que observa, como por ejemplo miedo a las palpitaciones o a la falta de
aire”, explica Becoña.
Los dos expertos vuelven a coincidir cuando rechazan la hipnosis como método para dejar
de fumar: “La evidencia científica indica que su uso es igual que el placebo. Por ello, no es
posible recomendarla a nivel terapéutico, a pesar de que los fumadores prefieren procedimientos
como este, en contra de otros que de verdad son eficaces”, asevera el responsable de la Unidad
de Tabaquismo de Santiago.

El factor social es el que más influye
Existe cierta predisposición genética-biológica a la adicción, pero son las variables sociales las
que más impacto tienen. El presidente del CNPT aclara que las adicciones son conductas de
auto-administración y que como tales son aprendidas: “Puede heredarse cierta impulsividad, lo
que hace que algunas personas tiendan a experimentar más; también determinados rasgos
psicológicos o una baja tolerancia a la frustración, que también puede ser educada, o algún tipo
de trastorno psiquiátrico que haga que una sustancia pueda aportar más a unos individuos que
al resto, pero lo que más nos influyen son las condiciones sociales”.
Por esta causa, el beneficio de la Ley 2005 y su modificación en 2010 es incuestionable.
“Ayudaron a que mucha gente se planteara dejar de fumar, aumentando los intentos de
cesación, disminuyó la exposición al humo ambiental del tabaco y consiguieron una cosa muy
importante: la desnormalización del acto de fumar”.
Becoña saca a colación algunos datos de la encuesta nacional de salud para corroborarlo. En
1987, fumaba diariamente el 55,1% de los varones, en 2011 lo hacía el 32,2% y en el año 2017
el 25,6%. “Por tanto, el descenso es continuo y mantenido en el tiempo. En algunas
comunidades autónomas ya solo fuma el 20% de los varones. Por ello, en una o dos
décadas, el consumo de tabaco será anecdótico”, vaticina.

Atención a los adolescentes
El mismo descenso se ha experimentado en los adolescentes. Según la última Encuesta
sobre Uso de Drogas en España (Estudes), el consumo diario de tabaco está en 10,3% en
mujeres y 9,4% en hombres, mientras que en 1994 esos porcentajes eran del 25,4% y 17,8%,
respectivamente.
No obstante, Becoña y Zamorano llaman la atención sobre este colectivo, ya que se ha
observado una tendencia ascendente al consumo de cannabis (el 47,3% ha fumado en
cachimba alguna vez) y a los cigarrillos electrónicos (el 48,4% los ha probado), que también
contienen sustancias tóxicas y cancerígenas. Además, si no se introducen en el consumo de
tabaco en esta etapa, no fumarán de adultos.
Zamorano insta a las autoridades a seguir tomando medidas necesarias “porque no está todo
hecho en el tabaco”. Y reitera las propuestas del Comité Nacional para la Prevención del
Tabaquismo: igualar la fiscalidad al alza de todos los productos que lleven tabaco y nicotina;
ampliar espacios sin humo a coches privados, sobre todo si viajan niños y/o embarazadas,
terrazas al aire libre, y playas marítimas y fluviales; campañas periódicas que presenten la
verdadera cara del tabaquismo; equiparar los cigarrillos electrónicos y cualquier forma de fumar
al tabaco convencional y seguir ampliando las ayudas al paciente fumador.

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