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LOS BEBEDORES PROBLEMÁTICOS TOMAN MÁS BENZODIACEPINAS

Fuente: www.infosalus.com. EUROPA PRESS.

Los bebedores problemáticos son más propensos que los abstemios y los
bebedores moderados a tomar benzodiacepinas, una clase de sedantes que se
encuentran entre los medicamentos recetados con mayor frecuencia y los más
abusados, pero cuando son tomadas por bebedores pueden aumentar el riesgo de
sobredosis y accidentes, así como exacerbar las condiciones psiquiátricas.
En un estudio de Universidad de California San Francisco y Kaiser Permanente
Northern California, en Estados Unidos, publicado en el ‘American Journal of Managed
Care’, los investigadores encontraron que los pacientes de atención primaria con
‘consumo no saludable de alcohol’ tenían un 15 por ciento más de probabilidades de
usar benzodiacepinas que los bebedores moderados y los que no beben alcohol.
Las benzodiazepinas generalmente se recetan para la ansiedad y el insomnio, como
diazepam, xalprazolam, clonazepam, lorazepam y temazepam, entre otros.
Los investigadores revisaron los registros de salud de más de dos millones de
pacientes de atención primaria, que estaban inscritos en Kaiser Permanente.
Los pacientes fueron evaluados por consumo no saludable de alcohol, definido
como al menos 15 bebidas por semana para hombres menores de 65 años, y al
menos ocho bebidas por semana para mujeres y hombres mayores de 65 años.
Descubrieron que el 4 por ciento del grupo de pacientes consumía alcohol de
manera poco saludable y el 7,5 por ciento del grupo de pacientes había obtenido una
receta para una benzodiacepina en los últimos 12 meses. Los investigadores
excluyeron a los pacientes a quienes se les había recetado benzodiacepinas para la
abstinencia de alcohol.
Sin embargo, los autores también encontraron que cuando a los bebedores
problemáticos se les recetaban benzodiacepinas, su dosis promedio era un 40 por
ciento más baja y la duración del uso era un 16 por ciento más corta que la de los
bebedores y abstemios moderados.

Se desconoce si el impulso para este régimen provino del médico que prescribió o
de los propios pacientes, quienes «voluntariamente limitaron su uso de
benzodiacepinas para evitar el deterioro funcional», anotaron los autores.
«Algunos médicos pueden volver a surtir recetas, sin saber que sus pacientes tienen
un consumo no saludable de alcohol. En muchos casos, los pacientes han estado
tomando benzodiacepinas durante años y creen que son inofensivos», apunta el
primer autor Matthew Hirschtritt, profesor de psiquiatría clínica en el Departamento
de UCSF.
«Cuando las benzodiacepinas se consumen con alcohol puede producirse una
sobredosis por el impacto de dos depresores del sistema nervioso central. Sus
efectos pueden reducir la coordinación motora, impactar el juicio y la toma de
decisiones, y provocar caídas y accidentes
–advierte–. El uso a largo plazo puede provocar enfermedades cardiovasculares,
lesiones gastrointestinales, hepáticas, renales y neurológicas, así como psicosis o
ideación suicida para aquellos con afecciones psiquiátricas preexistentes».
Numerosos estudios ya han demostrado que el uso a largo plazo de
benzodiacepinas se ha relacionado con un mayor riesgo de demencia. «Es posible que
el consumo no saludable de alcohol pueda amplificar este riesgo de demencia»,
apunta Hirschtritt, quien también es médico asociado en el Departamento de
Psiquiatría de The Permanente Medical Group e investigador adjunto en la División de
Investigación de Kaiser Permanente.
El hallazgo de que los pacientes con consumo no saludable de alcohol tenían un 15
por ciento más de probabilidades de que se les recete una benzodiacepina va en
contra de la hipótesis de los investigadores de que tendrían una menor probabilidad
de obtener los medicamentos.
«Al recetar medicamentos, los médicos sopesan los riesgos y los beneficios –señala
Hirschtritt–. Si bien los riesgos de las benzodiazepinas para todos los pacientes, y
especialmente para aquellos con problemas de consumo de alcohol, son cada vez
más claros, sus beneficios pueden parecer insignificantes dado que los
medicamentos recetados más seguros son efectivos para tratar la ansiedad».
«A medida que aprendemos más sobre los hábitos de consumo de alcohol de los
pacientes de atención primaria, especialmente entre las poblaciones vulnerables,
como los usuarios de benzodiazepinas, los proveedores y los sistemas de salud,
pueden adaptar mejor las prácticas y centrar los esfuerzos de identificación y
prevención», apunta la autora principal Stacy Sterling, científica investigadora en la
División de Investigación del Kaiser Permanente Northern California.

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