Los mortales riesgos de inhalar ‘gas mechero’, la nueva moda entre jóvenes

Fuente: europasur.es

Si mezclamos drogas, adolescentes y prácticas virales , el cóctel que resulta es potencialmente peligroso. El ámbito de las redes sociales y la nueva subcultura virtual es trepidante e irreflexiva, lo que convierte cualquier practica de riesgo en una tentación para cerebros en evolución que tienden de por sí a entregarse a comportamientos impulsivos. Las conductas de riesgo son comportamientos que implican un efecto placentero inmediato pero carecen de una valoración de las consecuencias posteriores. El principal problema llega cuando las practicas que se convierten en modas afectan a la salud y ponen en riesgo la vida. Natalia, una adolescente de 16 años, murió el pasado viernes en la localidad toledana de Corral de Almaguer, tras inhalar el gas del cargador de un mechero. Una tendencia que está cada vez más extendida entre los jóvenes que lo respiran intencionadamente para ‘colocarse’.
Los inhalantes son vapores químicos que se respiran y provocan un efecto instantáneo y muy potente. El uso de inhalantes se popularizó en la década de los sesenta con adolescentes que olfateaban pegamento (cola). Desde entonces, se han popularizado otros tipos de inhalantes. Tendencias que encuentran en los jóvenes un nicho vulnerable que están cobrándose vidas en todo el mundo. Por tanto, el enemigo a batir no es sólo la cultura del alcohol que se hace fuerte entre los más jóvenes, sino poner coto al ‘tonteo’ con las primeras drogas.
Al parecer, este grupo de adolescentes se había iniciado en la práctica de inhalar isobutano con el fin de experimentar alucinaciones rápidas y pasajeras, una peligrosa búsqueda muy extendida jóvenes y adolescentes de Europa y Estados Unidos.

¿Cuál es su efecto?
Ese gas que inhaló Natalia se conoce como gas isobutano o gas azul. Estos gases «colocan» al inhalarlos e incluso generan sensación de euforia, desinhibición o distorsión de la realidad, pero también falta de coordinación en los movimientos, mareos, dolores de cabeza, taponamiento de los oídos y hasta aturdimiento. Hasta ahí los leves. Y es que la inhalación de este tipo de gas, que se comercializa en pequeños botes que cuestan menos de cinco euros, genera una alteración en el cerebro llamada hipoxia, es decir, se reduce el oxígeno que llega por los vasos sanguíneos, lo que puede ocasionar la muerte. Asimismo, su uso a largo plazo puede causar alucinaciones porque descompone la mielina, el tejido adiposo que cubre las células nerviosas. Otros daños permanentes causados por la inhalación prolongada incluyen pérdida de la audición, neuropatía (espasmos en las
extremidades y ráfagas breves de convulsiones) y daños en el sistema nervioso central. Sin olvidar que la inhalación de dosis concentradas de butano puede provocar que una dosis única de este gas provoque la muerte súbita, posiblemente debido a insuficiencia cardíaca por abuso de la sustancia o asfixia, ya que el ingrediente expulsa el aire de los pulmones. En este caso concreto, la adolescente también había consumido hachís. La autopsia ha determinado que el efecto combinado le produjo una parada cardiorrespiratoria.

Otros casos
En todos los casos que se dan, y que continúan en aumento, se encuentra un componente común de uso inadecuado de productos legalmente disponibles en farmacias, droguerías, en Internet o en estancos que se comercializan para otros fines. Todos ellos pueden ser de gran atractivo para quienes tienen recursos limitados o falta de conocimiento y experiencia debido a su fácil acceso, bajo costo y efecto potente e inmediato.
Este año, un ciudadano sueco de 26 años murió en Marbella de un edema pulmonar tras ingerirlo; y otros dos, sufrieron daños graves tras mezclarlo con grandes cantidades de alcohol. Otro popular es el ‘cloretillo'», un spray de uso deportivo que pulverizan en una prenda de ropa antes de inhalarlo. Los efectos ocurren en cuestión de segundos y es habitual que produzca alteraciones y cambios en el comportamiento, como estados de euforia.

En este sentido, hace tan solo unos meses, Nueva York lanzó una nueva normativa que resultó polémica a la mayoría del resto del mundo: prohibir la venta de nata montada. Esto se debe a que se convirtió en una herramienta para inhalar óxido de nitrógeno. Tiene un efecto narcótico aunque también genera cierta euforia: entumecimiento del cuerpo, sensación de sedación, mareos, risa incontrolada, descoordinación motora, visión borrosa, confusión y cansancio. Los síntomas desaparecen de manera inmediata a los tres o cinco minutos.

Los consumidores recreativos de óxido nitroso suelen descargar el gas en globos. De esta manera, se atempera y permite administrarlo en cantidades más pequeñas que las que podrían entrar al organismo directamente desde el recipiente a presión.
En España está prohibido su empleo con fines lúdicos pero no su comercialización ya que se trata de productos legales . Algunas comunidades autónomas han puesto algunas restricciones para la
venta.

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