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NUEVAS TECNOLOGÍAS: ¿POR QUÉ ESTÁ AUMENTANDO LA ADICCIÓN?

abril 18, 2019

Fuente: cuidateplus.marca.com.

Seguro que en los últimos años has oído hablar de Fortnite y de World of Warcraft. Son videojuegos muy de moda entre niños, jóvenes y no tan jóvenes. Jugar de vez en cuando a este tipo de juegos puede ser divertido, pero es importante saber que todo tiene su tiempo y sus límites y que excederse en el consumo de este tipo de actividades recreativas puede desembocar en problemas relacionados con la conducta.

Según explica a Cuídate Plus Javier Porto, director terapéutico de CC Adicciones, “este tipo de juegos on line son los que más peticiones de tratamiento generan en las clínicas”. Estos juegos, detalla, “permiten crear realidades paralelas y perfiles falsos. Además, no tienen un final ni un tiempo límite, ya que es el mismo jugador el que va construyendo su propia realidad a medida”. El hecho de que el niño o adolescente pueda acceder a cualquier hora del día o de la noche y sin límites convierte a estos juegos en los más usados del mercado y también en los más adictivos.

Actualmente la literatura científica no define el concepto de adicción a las nuevas tecnologías como tal. “Existen relaciones entre ésta y ciertos trastornos relacionados con el impulso, trastornos mentales o de personalidad”, informa Porto, pero lo que observan los expertos en el trabajo de campo es que “están apareciendo casos de pacientes que cumplen los requisitos de una adicción comportamental”. En su opinión, “es más sencillo entender este problema si se compara con la ludopatía”.

Cristina Noriega García, profesora del Departamento de Psicología Terapeuta Familia del Instituto CEU de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo, en Madrid, prefiere hablar de “uso inadecuado/excesivo”. En su opinión, “es necesario que se sigan desarrollando estudios pormenorizados para poder aclarar si realmente este problema cumpliría con criterios suficientes como para ser considerado un trastorno independiente o si en la base se encuentran otros trastornos o dificultades”.

Aunque el término como tal no esté definido, la realidad es que el abuso de las nuevas tecnologías es algo real y actual. De hecho, el Ministerio de Sanidad lo incluye ya en sus estadísticas bianuales así como en la estrategia quinquenal. Según sus datos, “el 18 por ciento de la población entre 14-18 años realiza un uso abusivo de las nuevas tecnologías”.

A la espera de los próximos estudios y análisis de la situación que nos permitan afirmar con datos que se trata de un problema en aumento, Porto cree que es así. Desde CC Adicciones “hemos notado un aumento, tanto del número de peticiones de información a tratamientos, como del propio número de pacientes atendidos”, señala.

Las causas son multifactoriales, pero Porto menciona “la masificación rápida y descontrolada en el uso de nuevas tecnologías, la alta disponibilidad y la baja percepción de riego”, como las principales.

¿Hombre o mujer? ¿Adulto o joven?

El hecho de que el acceso a las nuevas tecnologías (móviles, ordenadores, consolas…) ya no es sólo cosa de adultos ha hecho que el perfil de usuario que abusa de ellas no esté muy definido en la actualidad. Además, no existen datos estadísticos y, como se ha mencionado antes, hay muy poca literatura científica al respecto.

“Es un fenómeno muy nuevo y hace falta seguir estudiando y observando las tendencias”, considera Porto. No obstante, el experto sí hace una aproximación de paciente tipo en función de lo que ve en consulta a diario. “Se observa desde la práctica clínica que los potenciales demandantes de ayuda son principalmente varones jóvenes, de entre 14 y 24 años, con un alto manejo de productos tecnológicos y con algún tipo de comorbilidad de tipo psiquiátrica o psicológica”, perfila.

Noriega García nos ofrece un perfil más psicológico y señala que “parece haber acuerdo en que hay personas con una mayor vulnerabilidad a caer en el uso inadecuado o excesivo de las nuevas tecnologías”.

Algunas de las características que indica la experta son: “Baja autoestima, dificultad para afrontar problemas o tendencia a evitar situaciones o emociones que generan malestar, indicadores psicológicos (ansiedad socialdepresión, trastorno por déficit de atención), introversión, pocas habilidades sociales, impulsividad, vacío existencial, insatisfacción con las relaciones familiares y/o sociales, etc.”. No obstante, la experta quiere dejar claro que “todos ellos son factores de riesgo y que en ningún momento se deben establecer relaciones causa-efecto”.

Respecto a las diferencias en el uso de las TIC en función del sexo, “algunos estudios reflejan que los varones pasan más tiempo conectados y tienden a tener un uso excesivo en mayor proporción que las mujeres, asociándolo con la mayor impulsividad y búsqueda de novedades presente en los varones”, afirma Noriega García. Sin embargo, “hay otros trabajos que reflejan diferencias en función del dispositivo empleado, donde las mujeres usarían más los teléfonos móviles y los hombres los videojuegos”, añade.

Lo que sí se observa es que la “prevalencia” sería más alta en jóvenes que en adultos debido al mayor acceso que tienen a la tecnología actual y, sobre todo, a la baja percepción que tienen del riesgo.

Señales de alerta

Para detectar si una persona puede estar teniendo problemas derivados de un uso inadecuado o excesivo de las nuevas tecnologías, Noriega García aconseja fijarse en las siguientes señales:

  • Pasar demasiado tiempo usando las nuevas tecnologías con pérdida de noción del tiempo.
  • Estar demasiado tenso y absorto durante su uso, con una activación por encima de lo normal.
  • Absentismo o bajada del rendimiento significativo en el trabajo o escuela.
  • Cambios significativos en el estado de ánimo, irritabilidad especialmente cuando no está usando las TIC.
  • Conflictos en las relaciones con otras personas del entorno (quejas de familiares por uso excesivo de las TIC, dejar de compartir tiempo con ellos…).
  • Dejar de realizar actividades con las que antes disfrutaba por estar usando las nuevas tecnologías (dejar de salir con amigos, practicar hobbies, etc.), así como abandono de responsabilidades que antes asumía.
  • Mentiras o negación del tiempo real que dedica a las nuevas tecnologías, irritabilidad si otras personas intentan advertir acerca de las consecuencias negativas (reacción a la defensiva).
  • Imposibilidad o dificultad excesiva para detener el uso, falta de control.
  • Privación de sueño.
  • Pensar en las nuevas tecnologías constantemente, aunque no las esté usando.

Tratamiento

Si tenemos la sospecha de que algún miembro de nuestra familia o algún amigo tiene un problema de este tipo, el siguiente paso sería actuar para evitar que vaya a más.

El primer paso, según la profesora del CEU sería “ayudarle a tomar conciencia del problema y de la afectación que el abuso de las nuevas tecnologías está teniendo en aspectos importantes de su vida”. Esto es clave ya que, tal y como apunta, “estas personas niegan o no son conscientes del tiempo real que invierten en las nuevas tecnologías”.

Para conseguir este objetivo, se pueden emplear “autoinformes, donde se anote cuándo las usa, durante cuánto tiempo, emociones y pensamientos asociados, entre otros”. Asimismo, “hoy en día existen varias aplicaciones que indican el tiempo que la persona invierte en las nuevas tecnologías”, recuerda García Noriega.

Para Porto, el problema debería ser tratado siempre por un experto, por lo que él aconseja “ponerse en contacto con un profesional o un recurso especializado en el tratamiento de las adicciones” para que haga un abordaje integral.

Y es que, según Porto, en un correcto tratamiento “se debe implicar tanto a la familia como al paciente y debe ser tratado desde diferentes ópticas profesionales y en los ámbitos sanitario y sociales así como de integración en su medio”.

La principal diferencia respecto de otras adicciones es que “en esta no se puede aislar al paciente del uso de la tecnología, sino que debe aprender a hacer un uso responsable y no compulsivo de la misma”, recuerda. Desde su experiencia, “son tratamientos de medio plazo, lo que significa que una correcta recuperación puede durar entre 15-18 meses de seguimiento”.

La reeducación es clave

Además del tratamiento que reciba el paciente, sería interesante, además, aplicar una serie de pautas dirigidas a la reeducación en el uso de las nuevas tecnologías. Estas, según García Noriega, serían:

  • Marcar un tiempo límite de uso y unos horarios.
  • Buscar actividades alternativas que resulten agradables para la persona (arte, deporte, música, lectura, salir con amigos).
  • Desarrollo de factores personales de protección (habilidades sociales, estrategias de afrontamiento ante dificultades, autoestima, etc.).
  • Abordaje de problemas subyacentes que puedan estar asociados al uso excesivo.

Aunque, tal y como recuerda la profesora del CEU, los esfuerzos deberían centrarse, sobre todo en la prevención “para que el uso inadecuado no tenga lugar”, es decir, “intervenir antes que aparezca el problema, desarrollando un proyecto firme en educación en valores desde los primeros años en colaboración familia-escuela”. Para ello, considera fundamental que padres y docentes:

1. Entiendan la importancia que tienen las TIC en los niños y adolescentes de hoy día.

2. Los niños y adolescentes aún no tienen la madurez emocional suficiente como para procesar y ser conscientes de las situaciones potencialmente negativas asociadas al uso inadecuado de las nuevas tecnologías. Por eso es importante poner normas y limitar su uso. Explicar ventajas y riesgos de las redes, y proveer de herramientas para hacer un buen uso.

3. Ser un ejemplo a seguir como padres o docentes. No podemos exigir que un niño realice un uso adecuado si nosotros como adultos somos los primeros que no cumplimos con ello.

4. Desarrollar un proyecto educativo basado en los valores entre los que cabe destacar el respeto a uno mismo y a los demás, afectividad (empatía hacia los sentimientos del otro), respeto a la intimidad y privacidad propia y de terceros, ayudarles a comprender qué es la privacidad, por qué es importante cuidarla, esfuerzo (frente a la inmediatez de las TIC) y tolerancia a la frustración.

5. Mostrarse disponibles para acompañar a los niños y adolescentes a reconocer y manejar sus sentimientos y emociones (ej.: inseguridades, miedos, dificultades en las relaciones con los iguales, etc.). Si se habla con ellos desde el cariño y el respeto, es más probable que el joven recurra a sus padres/profesores en cuanto tenga algún problema o necesite información.

 

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