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MUJERES Y SUS ADICCIONES

Fuente: www.expreso.com.mx. Paola Gutiérrez Clark. MÉXICO.

Vivimos en un país hermoso, con un potencial enorme, gente amable, cálida y con culturas preciosas, pero también está el lado oscuro, el lado trágico, lo malo, lo inhumano; como en todas las sociedades del mundo, como en toda balanza que tiene dos lados, como existe el bien y el mal, como todo en esta vida.

Actualmente estamos enfrentándonos a una lucha, a una guerra, a un intercambio de ideas, de posturas, de todo en torno a la mujer y al hombre, en redes sociales podemos encontrar infinidad de imágenes alusivas a las distintas posturas que tenemos todos como personas libres de opinión.

Por esa pérdida de equilibro, las adicciones ya no son “propias” de los hombres, la estadística ya casi se encuentra a la par en comparación con los números indicativos hacia los hombres en consumo de sustancias. Pero ¿qué particularidades le pertenecen a la mujer adicta?

En primer lugar, las mujeres que desarrollan una adicción vienen de un entorno familiar opresivo en que los padres definen los estándares de vida de ellas, se adapten o no a su personalidad, son padres o muy sumisos o muy violentos, al igual que con las mamás.

En segundo lugar, un gran número de mujeres con una adicción fueron abusadas o violadas sexualmente de niñas, y otro gran porcentaje en su adolescencia; ninguna por un desconocido, donde los papás no creyeron o pidieron guardar silencio, dejarlo pasar o acusar de manipulación.

En tercer lugar, las más adultas siempre arrastrando una depresión no atendida o mal diagnosticada, en relaciones de pareja codependientes, violentas, abusivas. Todas ellas, adictas a una sustancia y demás. ¿Pero qué pasa al momento de requerir tratamiento?

Para las familias, es más común querer internar a un hombre que a una mujer, y cuando toman la decisión de hacerlo, es cuando el problema está demasiado rebasado. Ése es el común denominador de los tratamientos, siempre queremos evitar a toda costa los internamientos porque pensamos que es un castigo, no tenemos la cultura del tratamiento profesional hacia la enfermedad de la adicción.

Insisto demasiado en este tema porque ahí está la clave. Cuando cambiemos nuestra forma de ver todas estas situaciones, muchas cosas van a cambiar en el entorno, en la sociedad, en las familias.

Nunca minimices una depresión, nunca pienses que un abuso es mentira, es mejor pecar de exagerado que dejarlo pasar por alto, no permitas que tus hijos crezcan en un ambiente tóxico, sánate, cambia; la responsabilidad siempre será de nosotras mismas, nunca de los demás, ya que nosotras tenemos el poder de marcar los límites.

Empodérate como mujer, como madre de familia, como hija, como hermana, como esposa, pero siempre en el mejor de los sentidos, no confundas empoderamiento con libertinaje, las mujeres seguiremos siendo la creación más bonita y especial de Dios, con capacidades que nadie más las puede tener, con un sistema que nos permite conocer todas las emociones que existen, que
nos hacen sentir que estamos más vivas que nunca. Ámate, quiérete y valórate.

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