¿Son enfermedades o un síntoma de algo más grave?

Fuente: tecreview.tec.mx/ Mariana Dolores

¿Son enfermedades o un síntoma de algo más grave? Expertos nos dan más detalles y consejos para la prevención.

Cuando escuchamos la palabra “adicción” pensamos inmediatamente en el uso de sustancias psicoactivas como el alcohol, el tabaco, la marihuana o los inhalantes. Sin embargo, especialistas en salud mental advierten que los principales tipos de adicciones en los jóvenes son digitales.

Redes sociales, Netflix y videojuegos son tres plataformas que disparan los niveles de adicción en el cerebro.

600 nanogramos de dopamina se liberan con cada like que se recibe en las redes, mientras que el consumo de cocaína libera 1,200. Esto ayuda a que el sistema adictivo se instale también”, explica Otoniel Nava Lara, especialista en adicciones y director clínico de Asesoría Psicológica en Adicciones y Codependencia Katun.

Estamos hablando de una problemática severa, porque las reacciones que producen los sistemas digitales son similares al que ocasionan las sustancias psicoactivas, es decir, quien tiene adicción a los sistemas digitales también presenta un comportamiento obsesivo compulsivo y un carácter destructivo.

Los tipos de adicciones en los jóvenes…son digitales

Durante la pandemia ha habido un desborde tanto de sustancias como de procesos adictivos, en los que se encuentran los sistemas digitales, debido a una mayor penetración de los dispositivos electrónicos. Estamos hablando de 80.6 millones de personas con acceso a internet.

“Encontramos a niños que desde los ocho años están haciendo uso de tranquilizantes o inductores al sueño, porque los sistemas digitales ya son parte de su vida”, comenta Nava Lara.

De acuerdo con el experto, se dice que alguien es adicto cuando se asocian las emociones a sustancias que generan una sensación de alivio o de refugio, intenso e inmediato, de corta duración y destructivo.

Los cuatro niveles de una dependencia son: experimentación, uso, abuso y adicción.

Desde luego, lo interesante no es que las cifras de adictos a sustancias psicoactivas hayan bajado o que los sistemas digitales aumentaron y variaron los tipos de adicciones en los jóvenes, sino que los factores de riesgo para padecer adicciones han crecido.

Los efectos en el cerebro

En cada consumo se genera una descarga en el cerebro de algunas sustancias como: dopamina, serotonina, adrenalina, principalmente.

Estas sustancias químicas están creando estados de alivio o satisfacción momentánea, al tiempo que van destruyendo el sistema nervioso central, el cual es un interlocutor entre nuestro cuerpo y el exterior.

Sus funciones son de extrema importancia, pues coordina y controla nuestro organismo.

“Es importante decir que el cerebro de un adolescente está en proceso de maduración, por lo que, si consume alcohol o drogas, el sistema nervioso va a ser dañado de tal forma el cerebro llega con varios daños que no se pueden reparar. Lo que se va a externar como conductas disfuncionales en todos los aspectos de la vida de la persona”, comenta.

Ahora bien, los sistemas digitales más que ocasionar daños neurológicos irreparables, puede ocasionar disfunciones.

“Hasta este momento no podemos determinar si ocasionan fallas a nivel neuronal, pero sí podemos decir que, al haber muchas descargas a nivel de la neurotransmisión, es posible que también puede traer deterioro”, comenta.

Adicciones, ¿síntoma de la enfermedad o una enfermedad?

Es una discusión al rojo vivo entre expertos de la salud, pues muchos lo definen como una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia a sustancias, procesos o personas.

Sin embargo, para otros especialistas como la doctora Yael Maya Rosemberg, del Feeling Good Institute, las adicciones son más bien un síntoma y lo que hay que investigar con el paciente es qué hay detrás.

El consumo de sustancias, por ejemplo, es una forma de apartarse a contextos desadaptativos.

Puede ser una herramienta o estrategia que las personas utilizan para poderse regularse emocionalmente. Es decir, detrás de cada adicción hay un trauma.

Otoniel Nava las llama “muletas emocionales”, porque a través de pequeños alivios se van creando la dependencia psicológica no solo a sustancias, sino a un sin fin de cosas, hábitos o personas.

“Un comportamiento adictivo detona una serie de comportamientos más, pues son muletas emocionales que usamos para alcanzar un equilibrio en nuestra vida cotidiana”.

“No es un problema de patologías sino como una forma en que las personas se automedican”, comenta Yael Maya.

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10 experiencias adversas en infancia

Yael Maya dice que los tipos de adicciones en los jóvenes que se están dando tienen de fondo traumas relacionados con las Experiencias Adversas de la Infancia (EAI) y si han tenido más EAI, las probabilidades de que generen un trastorno por uso de sustancias o por procesos se hace exponencial.

Algunas de las EAI se pueden enumerar en: abuso infantil ya sea emocional, físico o sexual, negligencia infantil (emocional o física), enfermedades mentales en uno de los padres o en integrantes del núcleo familiar, así como casos de alcoholismo o drogas, ser testigos de violencia doméstica, el encarcelamiento de uno de sus padres o de un miembro de la familia, separación o divorcio de los padres o fallecimiento de uno de los padres o de un hermano.

Además de las EAI, hay un hay un ingrediente crucial para desarrollar adicciones: la falta de contención y regulación emocional.

“Las experiencias adversas generan traumas y este trauma lo que genera es la dificultad para regularse emocionalmente. De ahí que existan sustancias que activen o supriman al sistema nervioso, están en función de lo que se necesite”, explica Yael Maya.

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Cómo regularnos emocionalmente

De acuerdo con la doctora Yael Maya, lo ideal es trabajar el trauma de la persona para entender cuáles fueron los hechos que lo hirieron emocionalmente y cómo es que se ha ido desregulando su sistema nervioso.

Dado que la adicción a los procesos como la ludopatía, redes sociales, entre otras, son conductas que utilizan los jóvenes para evadir emociones que no les gustan o no saben cómo manejar, es importante trabajar en la conexión cuerpo y mente.

La meditación o el ejercicio, implican trabajar con el cuerpo y con las emociones que están contenidas en él.

“Lo que pasa mucho con mis pacientes es que intentan modular sus emociones a través de las sustancias, es decir, buscan anestesiar sus emociones con ellas”, comenta la psicóloga quien realiza voluntariados en los Centros de Integración Juvenil.

A veces las emociones le asustan tanto al paciente o ni siquiera las entiende, pues de acuerdo con la psicóloga, no aprendieron a regular sus emociones en su desarrollo.

“Desde bebés, cuando nuestro cerebro apenas está madurando, necesita del adulto que lo ayude a regularse emocionalmente porque no puede solo”.

Además, se requiere de psicoeducación para entender qué son las emociones, por qué las siente o por qué se enoja.

De esta forma conectamos con la parte más evolucionada de nuestro cerebro: la corteza prefrontal, la cual nos ayuda a poner en palabras lo que sentimos.

Para un niño que crece en un ambiente caótico con un apego desorganizado o con mucha confusión es difícil que lo logre por sí solo, puntualiza Maya Rosemberg.

La prevención de las adicciones radica en la crianza y la salud mental, por lo que la especialista en adicciones recomienda a los padres trabajar la parentalidad y la crianza positiva, atenderse, informarse y buscar ayuda.

Por otro lado, se piensa que las sustancias psicoactivas, así como los procesos adictivos están asociadas a pensamientos negativos, pero están asociadas también a emociones positivas.

“Y pueden consumir desde cocaína para celebrar hasta publicarlo en redes sociales para conseguir la aprobación y las felicitaciones del público digital”, comenta el doctor Otoniel Nava.

El especialista explica que con la pandemia ha disminuido la socialización, la recreación, la movilidad y la creatividad, por lo que tenemos que ejercitar nuestra capacidad de esperar y ejercitar la tolerancia. Para encontrar una forma más lenta de vivir en lo que podemos volver a salir, concluye.

 

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