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VENCER LA ADICCIÓN EN TIEMPOS DE CUARENTENA

Fuente: www.laopinioncoruna.es. Enrique Carballo.

El confinamiento fuerza a las asociaciones de lucha contra la dependencia a suprimir
las terapias presenciales y aumenta la ansiedad de algunos usuarios, aunque puede
ayudar a los ludópatas.

La cuarentena impuesta por la extensión del
coronavirus golpea a las personas con problemas
de adicción, tanto a sustancias como el alcohol o
los estupefacientes como a hábitos como el juego
o el consumo excesivo de nuevas tecnologías. Las
asociaciones de apoyo a la lucha contra la
dependencia de A Coruña se han visto obligadas a
suprimir la mayoría de las consultas en persona,
excepto en casos de urgencia, y sustituirlas por
sesiones a través de Internet o del teléfono. El
confinamiento aumenta la ansiedad de muchas
personas, facilitando las recaídas, especialmente
en los que están enganchados a la Red o al móvil.
Puede ser beneficiosa, sin embargo, para los adictos al juego presencial o las apuestas deportivas
Derrotar a una adicción, sea esta a una substancia o a un hábito, es una tarea difícil en el mejor de los
escenarios, y la crisis del coronavirus añade una nueva traba. El confinamiento ha dificultado la labor de
las asociaciones de A Coruña que ayudan a las personas que sufren una dependencia, pues dificulta
realizar consultas en persona e impide terapias de grupo. Según explican varios psicólogos y
responsables de estos colectivos, también aumenta la ansiedad de muchos usuarios y favorece las
recaídas. Esto es especialmente pronunciado en las adicciones a las nuevas tecnologías, aunque en el
caso de la ludopatía la cuarenta dificulta recaer.
Según explica Maite Lage, psicóloga clínica de la Asociación de Ayuda al Drogodependiente (Aclad), el
confinamiento «repercute muchísimo» en las personas con problemas de adicción a sustancias, de
entre las que a un porcentaje elevado les resulta difícil controlar su «impulsividad». «Estar encerrado
origina cambios de estado de ánimo», señala, ligados a aumentos del nivel de ansiedad y pueden
favorecer la recaída.
En esto coincide Niceto González, de la Utaca, que cree que el confinamiento puede aumentar «la
probabilidad de recaída por cuestiones emocionales» y conllevar perder hábitos de horarios, comidas o
sueño, además de incrementar los conflictos personales o familiares.
Según explica José Manuel Recouso, psicólogo clínico de Agalure, la situación excepcional es un
«problema muy importante» para las personas con adiciones a Internet o al móvil, en general jóvenes. La
Red es una fuente de ocio y una forma de contacto social con las personas en situación de aislamiento,
y cortar su consumo resulta más difícil cuando el paciente ha de permanecer todo el día en casa.
«Seguimos manteniendo la prohibición de realizar la actividad» señala Recouso «pero las personas de
apoyo son más permisivas en este tipo de casos. Cuando acabe esta situación habrá que tratarlo como
una recaída y tratar de normalizar la situación y retomar el proceso» de deshabituación.
El confinamiento también afecta a la actividad de las asociaciones que luchan contra las adicciones,
que se han visto obligadas a modificar su modo de funcionar y tratan de seguir ayudando a sus
usuarios utilizando el teléfono o la Red.

Aclad, según explica Lage, atiende a unas 2.200 personas con adictas a una sustancia, y muchas veces
a varias, y en una jornada normal pasaban por su centro unas 200 personas. «Estamos intentando hacer
la mayoría de las intervenciones a nivel telefónico» afirma la psicóloga, «pero hacemos alguna
presencial cuando lo vemos necesario». También mantienen el servicio de distribución de metadona
para sus usuarios.
El servicio telefónico, explica, está funcionado con un «buen comportamiento de nuestros usuarios»,
pero considera que si la situación de urgencia se alarga tendrán que aumentar el número de citas
presenciales.
La Asociación de Ayuda a Familias de Drogopendientes de la ciudad también ha cancelado las citas
presenciales, si bien permite hacer consultas de urgencia a través de su correo, [email protected]
También han tenido que adaptarse en la asociación Reto a la Esperanza, que proporciona alojamiento y
trabajo a personas que intentan dejar la droga. Francisco José Santos, responsable de su centro de O
Portiño, explica que estos días se encuentran en el centro unas 25 personas a las que «afecta» no poder
realizar sus talleres ocupacionales y actividades en A Grela o Sabón.
En su caso, no tienen a ninguna persona con ansiedad o «síndrome de abstinencia fuerte», aunque
aclara que en estos casos suelen practicar confinamiento de cualquier manera. Lo que sí hacen es
extremar las medidas sanitarias, ya que las personas que han pasado por la droga tienen a veces
inmunodeficiencias y son un colectivo de riesgo, pero no tienen ningún enfermo de coronavirus ni de
otro tipo. No tienen previsto recibir ningún ingreso, como no sea «muy urgente o extremo».
Fuentes de la junta directiva de Agalure señalan que suspendieron las terapias de grupo ya la semana
anterior al estado de alarma, y que las consultas individuales se realizan telemáticamente. Recouso
considera que realizar una consulta por videoconferencia es más conciso, de modo que «ganamos
eficacia» pero al tiempo «perdemos contacto cara a cara».
También se han pasado a la asistencia telemática en Utaca, que sigue «atendiendo individualmente a
cada una de las demandas», según explica González, y mantiene una persona de retén en el centro para
atender llamadas de urgencia, pero «a puerta cerrada».
Los ludópatas, sin modo de jugar
Agalure empezó trabajando con ludópatas, si bien actualmente también asiste a personas con otros
problemas de dependencia. Recouso explica que la pandemia y el confinamiento han hecho más fácil
para los adictos al juego no recaer, simplemente limitando sus posibilidades de hacerlo.
«Salvando las distancias», explica el psicólogo de Agalure, «es como si en el mundo de la droga no
hubiese abastecimiento». En torno al 60% de los adictos juegan de manera presencial, en las casas de
apuestas, los casinos o las máquinas de las cafeterías, y todos esos lugares están cerrados. El juego en
línea, por su parte, se centra en las apuestas deportivas, limitadas por la cancelación de competiciones.
Al no haber posibilidades de realizar apuestas, según afirma Recouso, las personas con adicción a
estas no tienen la tentación de recaer. «Lo que me transmite la gente que estoy viendo es que, si no hay
posibilidad, ni se plantea jugar». Sin embargo, Niceto González, de Utaca, afirma que la ludopatía podría
verse incrementada en el caso de pacientes que apuesten a través de plataformas digitales.

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