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ADICCIONES: LA FATIGA DE LOS ATRINCHERADOS

Fuente: laprensa.com.ar. JUAN ALBERTO YARIA.

«La confusión es el principio del mal de las ciudades» (Dante)

Nada llega porque sí. Hoy vemos en pandemia verdaderos despojos humanos que llegan a consulta para un tratamiento intensivo. Son los «fatigados» luego de un largo atrincheramiento. Viven lo que técnicamente se llama «stress crónico» (meses y meses sufriendo la tortura de la falta de contactos validos) y con la incertidumbre como espada de Damocles. Fatigados y atrincherados porque es un mundo digital el que los circunda y con una devaluación y falta de palabras y contactos humanos que es lo verdaderamente valido para Ser en la vida.

Sin palabras y vínculos humanos no somos. El auge de las drogas y su consumo en esta época delata esto. La caída del mundo humano -la deshumanización- y el auge de lo digital.

Desde el joven abandonado o con un «permitido» de los padres para consumir en bajas dosis (devaluación de la palabra paterna), jubilados precoces sin proyecto ni destino, mujeres abandonadas y deprimidas. La pandemia, además, les quitó contactos sociales y solo el mundo digital las protege entre computadoras, Instagram, Facebook, chats, etc. Soledad absoluta. Ya ni la oficina algunos tienen como lugar de contacto y, además, cercados por noticieros en donde la muerte ronda.

Viven atrincheradas pero fatigadas. El wiski, las pastillas, el insomnio que no cede, la marihuana que las levanta un poco, los polvos mágicos estimulantes que llegan por varias vías en bicicleta o moto desde cualquier medio digital. Ahí en las «trincheras» consumen, consumen.

Llegaron al mundo nuevo rodeadas de aparatos, digitalizados todos, pero «inmensamente solos» como dice la letra de tango. Quedamos bajo la tiranía de las pantallas. El espacio público puede ser peligroso y quedan encerrados en un mundo digitalizado. Es el nuevo mundo. Imágenes, «fake news», tendencioso.

Muchos ven su trabajo peligrar. Otros ya lo perdieron. La trinchera se llena de fatigados. Y fundamentalmente solos. Es un mundo digital que se quedo sin palabras y sin palabras no hay mundo posible. Compañía, escucha, devolución o sea mundo humano no solo digital.

Perdimos la vida universitaria, no solo la Universidad que es un trozo de humanidad en la vida diaria. Perdimos la escuela, el recreo, la maestra, el preceptor. O sea, humanidad.

El telón de fondo de este atrincheramiento es que se asegura con la certeza de los Iluminados vendrá la segunda ola de la pandemia. La vacuna surge como esperanza ante el miedo a morir. El coronavirus ya está ahí y si se superara la «primer ola» nos asegura la tortura de los noticieros -que no puedo dejar de ver porque también me someten adictivamente- vendrá la segunda ola.

Existencia en vilo. Muchos no aguantan y la huida esta cerca… o como decía Baudelaire narrando su experiencia con las drogas: «…lo importante es huir, no se adónde pero que sea a cualquier lugar».

Los ingenieros de Google, Apple y de otros gigantes electrónicos a muchos les gobiernan sus vidas. La humanidad se arrodilla ante los gigantes tecnológicos. Esto agota porque lo contradictorio es un acto de demolición diaria de nuestra personalidad y las noticias tienen siempre un sesgo de poder de los varios sectores en pugna.

El clic, el «me gusta», se transforma en un acto de manipulación y en un conjunto de información que sirve a fines de venta de otros gigantes. Esto se llama «reforzamiento conductual» permanente. Pero no podemos sustraernos de esto. Nos transformamos en adictos a la tecnología y exhaustos acudimos a un «quitapenas». Hoy las drogas delatan un exceso de mundo digital y una caída del mundo humano.

Horas y horas detrás de «aparatitos», sin escuela los chicos, sin Universidad los jóvenes, sin trabajo los grandes; en fin, el panorama de la desolación triunfa. Va surgiendo la «fatiga de los atrincherados».

Doblemente consumidores por un lado del mundo digital que es solo un mundo especular, sin otros que nos contesten y nos enseñen o podamos aprender y a las sustancias que acompañan ese vacío de ser en el cual vivimos. Mundo especular con aparatos que nos reflejan. Mundo sin palabras en diálogo. O sea, ejercicio mudo; miles jugando al «oficio mudo».

Mientras tanto el año perdido de los niños y adolescentes en la escuela y la Universidad tendrá sus consecuencias; hay barrios con conectividad limitada. En el Gran La Plata, por ejemplo, se ha observado que dos de cada cinco adolescentes han abandonado todo contacto con la escuela; se pasaban todo el día en la canchita o cartoneando con los padres. En el sector privado solo el 7% no había tenido contacto con la escuela y en el público el 27%. ¿Cómo recuperar esto?

EL DESCONTROL ADICTIVO

Una de las características más angustiantes para el terapeuta que trabaja en adicciones -a drogas y al mundo digital- es asistir al descontrol de las conductas a la cual se llega con un consumo persistente y voraz de estupefacientes. Si…nos angustia observar vidas mutiladas. Aún así desde esos restos humanos que observamos necesitamos y debemos devolver esperanza.

Choques, accidentes, mutilaciones, contraer enfermedades de transmisión sexual en sesiones de sexo sin cuidados, y toda la gama de síntomas psicóticos que van desde la confusión alucinatoria, los delirios tóxicos, las amnesias y deterioros cognitivos (atención, percepción, hiperkinesia improductiva), depresiones largas con abulias que muestran la agonía de la voluntad, noches de insomnio que son sesiones interminables de abstinencia y vacío, etc.; son las distintas secuencias de un deterioro gradual pero que no se percibe como tal. Progresivamente la persona se va ignorando a sí misma.

El descontrol surge de la llamada «gira» en donde durante días y días desafiando el cansancio el «dopaje» se transforma en un rito sacrificial. No se puede parar. Es la religión nueva de los esclavos, los condenados a un «Infierno Terrestre» en donde odian lo que hacen, pero no pueden dejar de hacerlo.

El odio a lo que hacen es también odio a sí mismo. Cada dosis decreta la baja de la autoestima. ¿Dónde está aquel placer inicial que se había encontrado? ¿Ese «flash» cautivante de aquella luna de miel inicial con las sustancias?

Nunca más aparecerá. En realidad, nos drogamos para huir de la angustia de la abstinencia. Drogarse ya no es para una búsqueda de placer sino para huir del vacío de la abstinencia.

Mientras avanza la compulsión a consumir como único destino vital surge una triple angustia: A) Obtenerla; consumirla temiendo no volver a conseguirla y por fin C) volver a conseguirla.

Aprovisionarse es una tarea y el «dealer» o distribuidor es la persona más importante de su vida. No hay hijos, mujer, padres .lo más valorado es quien posee esa pócima letal pero deseada.

EL «PIRATEO» DEL CEREBRO

Los grandes neurobiólogos de hoy hablan de un «pirateo» de ciertas zonas vitales del sistema nervioso por efecto repetido del consumo (drogas y mundo digital).

Hay en personas vulnerables por motivos afectivos, traumáticos, familiares e incluso por vulnerabilidad genética un «secuestro» de zonas del placer, la motivación y a la vez un declive de las áreas más evolucionadas de la toma de decisiones­

El ser humano asiste impávido a su esclavitud ya que su voluntad (que es una función superior del sistema nervioso y de la personalidad) está en déficit. Agoniza la voluntad. Observa su propia decadencia sin darse cuenta.

El sistema «pirateado» se denomina circuito de la recompensa que es un sistema primitivo que compartimos con los animales y que es el vector del placer y la motivación. La memoria adictiva toma el comando y no solo es la sustancia lo que llama a repetir el consumo sino los elementos contextuales que rodean al mismo (personas, lugares, situaciones). Se inicia así el cautiverio de los condenados.

El trauma neuro-tóxico que lleva al descontrol se da dentro de una vida con traumas muy fuertes desde la infancia. ¿Para qué vivir entonces?

Muchos viven en este Infierno terrestre y se me ocurrió consultar al Dante en su magistral «Divina Comedia». El hablaba que para pasar el Infierno (mundo de codicia, avaricia, consumo voraz, etc.) hacía falta un guía para pasar al mundo del Purgatorio en donde asoma la madurez y luego al Paraíso que era el mundo de lo racional y lo espiritual.

El gran Dante nos enseña (más allá de toda disquisición teológica) que necesitamos compañía o sea ayuda humana. Dante perdido encuentra a Virgilio que lo acompaña en el viaje hacia la salud emocional. Dante encuentra a través de una compañía humana su verdadera Identidad. Es un viaje simbólico hacia la perfección posible saliendo de ese Infierno terrestre que muchos viven.

Esa, creo, es nuestra tarea como terapeutas. Ayudar a salir del «Infierno terrestre» a los que nos consulten. Dante nos enseña que no podemos crecer sin acompañantes.

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