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EL CONSUMO DE ANSIOLÍTICOS: UNA ADICCIÓN QUE SE CEBA CON LAS MUJERES

Fuente: www.publico.es. HENRIQUE MARIÑO.

El abuso de las benzodiacepinas tiene un sesgo de género. Aunque las causas son diversas, la enorme presión provoca una sobrecarga de tensión y de ansiedad a muchas mujeres.

El consumo de benzodiacepinas o ansiolíticos tiene un sesgo de género. Lo
reflejan los estudios y lo corrobora Mercedes Rodríguez Rubio. «Afecta muchísimo más a las mujeres. Sin embargo,
como es una droga legal, no hay conciencia del problema, que se agudiza con el
tiempo. Cuando empiezan a consumirla, desconocen su gran capacidad para
generar tolerancia y adicción», advierte la psicóloga. «Es decir, cada vez
necesitan más cantidad para conseguir los mismos efectos que al comienzo».
En su centro de desintoxicación perciben que han aumentado las pacientes
más jóvenes, aunque tanto las edades como las causas que provocaron el
consumo abusivo son diversas. Cualquiera puede estar enganchada, porque es
una droga «invisible» que no genera conflictos sociales, que en ocasiones se
toma en secreto y que, al ser despachada en una farmacia, es vista como un
mero fármaco. «Como se la prescriben en la consulta, consideran que
simplemente se están medicando», añade Rodríguez Rubio.

La doctora Lourdes Azorín Ortega cree que resulta trascendental escuchar el
sufrimiento de las personas. «En cambio, tenemos tanta prisa que lo fácil es
recetar una pastilla. Hay una mala prescripción porque se tira mucho de esa
fórmula», explica. «Además, los médicos de atención primaria están tan
desbordados que es imposible hacer un buen seguimiento. Y lo que al principio
podría ser un tratamiento correcto termina convirtiéndose en una adicción por
falta de recursos y de control», arma la especialista.

Responsable del programa de atención ambulatoria de Proyecto Hombre
Madrid, ella también ha observado un sesgo de género en el consumo de
ansiolíticos. «En la redefinición de los roles sexuales, hay una enorme presión
sobre nosotras, lo que provoca una sobrecarga de tensión y de ansiedad muy
notables». El trabajo, las tareas domésticas, el cuidado de niños y mayores Por
no hablar de los trastornos afectivos y de la depresión, que en ocasiones van de
la mano.
Un hombre podría encontrar una válvula de escape en el alcohol o en la
cocaína, cuyo consumo por parte de las mujeres no es aceptado por la sociedad.
«Sigue siendo un estigma que ellas tengan un comportamiento expansivo y
desinhibido, por lo que canalizan sus problemas a través de las
benzodiacepinas, toleradas por su entorno e invisibles, pues no generan
conflictos sociales», razona la doctora. «O sea, la familia va tirando y la
consumidora no causa problemas a terceros, aunque más que vivir sobrevive».

MÁS MUJERES Y MÁS JÓVENES
Proyecto Hombre Madrid ha detectado un ligero aumento de pacientes
femeninas, cuya edad ha disminuido debido a que se han iniciado
tempranamente en el consumo, lo que provoca que el problema aflore antes y
demanden un tratamiento. «Una persona que lleva tomando pastillas veinticinco
años no se lo plantea, pero si lleva cinco años sí», añade Azorín Ortega, quien
deja claro que no hay una sola causa. «Están sometidas a grandes niveles de
presión, de estrés y de autoexigencia, regueros que alimentan el charco».
De hecho, la última encuesta sobre alcohol y otras drogas en España (EDADES),
dirigida por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas,
señala que el consumo de hipnosedantes con o sin receta está mucho más
extendido entre las mujeres que entre los hombres. Así, más de una cuarta parte
de las mujeres de 15 a 64 los ha tomado alguna vez en su vida, un porcentaje
que sube al 31% en la franja de los 35 a los 64.
Un consumo que se incrementa a medida que aumenta su edad, hasta el punto
de que un 21,6% de las encuestadas entre 55 y 64 años reconocía haber
consumido estos fármacos en los últimos doce meses (frente al 5,8% de las
jóvenes entre 15 y 24) y un 16,9%, en los últimos treinta días (frente al 3,2%).
Una diferencia que también se manifiesta en función del sexo, puesto que en
algunas franjas las mujeres duplican a los hombres.
Según el estudio del Plan Nacional sobre Drogas, difundido hace dos años, en
términos generales las mujeres también toman más hipnosedantes sin receta
que los hombres. Estos solo las superan en la franja entre los 25 y los 44 años, si
bien hay un dato que refleja la gran diferencia entre ambos sexos: en los últimos
doces meses, las consumidoras entre los 55 y los 64 años eran el doble (1,9%
frente al 0,9%).

TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINAR

Pese a que su consumo no está bien visto por la sociedad, Mercedes Rodríguez
cree que se ha arraigado en muchas vidas. «Entre mujeres, confesar que están
tomando una pastilla ya forma parte de la cultura general». No se ha
normalizado, aunque de alguna manera podría verse con normalidad. «Es
habitual escuchar que recurren a ellas para dormir. No es algo que reconozcan
en público, pero sí entre su círculo de amigas», comenta la directora de Proyecto
Hombre Madrid, quien advierte de las consecuencias. «A largo plazo afecta
incluso a las funciones ejecutivas, como cualquier otro depresor del sistema
nervioso».
La entidad trabaja para lograr que se desenganchen. Para ello, las pacientes que
acuden a su sede se someten a un tratamiento global y multidisciplinar, que
pasa por la terapia individual, de grupo, familiar, farmacológica y
psicoterapéutica. «La adicción a los ansiolíticos es psicológica y neurológica.
Pese a que provocan un síntoma de abstinencia grave, desintoxicarse resulta
fácil, lo complicado es deshabituarse», explica la doctora Azorín Ortega.
Para conseguirlo, resulta fundamental acompañar a la persona, pues la paciente
no tiene recursos para afrontar la ansiedad más allá de las pastillas. «Debe
aprender a manejar su angustia, su inserción en la realidad y sus vínculos
afectivos, lo que requiere su tiempo. Es un proceso sufriente, pero que merece
la pena», asegura la médica responsable del programa de atención ambulatoria
de Proyecto Hombre Madrid, quien advierte de que hay algunas
benzodiacepinas que no deberían recetarse más de un mes.
¿Hay esperanza? «Claro que sí». Ahora bien, resulta necesario que las pacientes
miren hacia adelante, aunque también hacia arriba. «Es hermoso pasar de
arrastrarse a ponerse en pie. Como también ayudarlas y ver que ellas lo
consiguen», concluye la doctora Azorín Ortega. «Sabemos lo que es el
sufrimiento. Y, quizás por ello, las mujeres somos muy corajudas».

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