LAS NUEVAS ADICCIONES QUE AFECTAN A LAS NUEVAS GENERACIONES

Fuente: www.eltiempo.com. Gloria Helena Rey.

Uso excesivo del celular y el internet ocasionan problemas similares a los de las drogas químicas.

Deepak Chopra, el médico, escritor y conferencista indio dijo en una oportunidad que «la adicción no es más que un sustituto muy degradado de una verdadera experiencia de gozo» pero, el uso abusivo de los celulares e internet despiertan hoy mucha más preocupación psicólogos, sociólogos e investigadores.

Problemas mentales, físicos y sociales, especialmente en niños y adolescentes y las perspectivas de una sociedad futura más inhumana son algunas de las múltiples preocupaciones y advertencias de quienes se interesan en la salud mental de los individuos y las sociedades.

Lo peor es que esas adicciones son programadas por las grandes plataformas como Facebook y Google, para manipularnos, convertirnos en productos y obtener lo que más importa: dinero, por encima de la vida, integridad e identidad de los seres humanos, según denuncia el documental ‘El dilema de las redes sociales’, de Netflix, respecto al poder manipulador y antiético con que nos manejan y someten las grandes empresas de la web.

Problemas mentales, físicos y sociales, especialmente en niños y adolescentes y las perspectivas de una sociedad futura más inhumana son algunas de las múltiples preocupaciones y advertencias de quienes se interesan en la salud mental de los individuos y las sociedades.

Lo peor es que esas adicciones son programadas por las grandes plataformas como Facebook y Google, para manipularnos, convertirnos en productos y obtener lo que más importa: dinero, por encima de la vida, integridad e identidad de los seres humanos, según denuncia el documental ‘El dilema de las redes sociales’, de Netflix, respecto al poder manipulador y antiético con que nos manejan y someten las grandes empresas de la web.

El documental entra en la Universidad de Oxford y muestra cómo se enseña a crear productos capaces de controlar nuestro subconsciente y modificar nuestra conducta sin que nos demos cuenta, y plantea cómo todo está concebido para generar comportamientos adictivos: desde la forma como recibimos las notificaciones, cómo actuamos para ver las actualizaciones o cómo presentan las noticias.

Por eso, el uso excesivo de celulares e internet, con redes sociales incluidas, han desatado preocupaciones y advertencias por parte de estudiosos y especialistas en todas partes del mundo. La utilización sin límites de esas tecnología «puede producir, en personas vulnerables, un síndrome clínico similar al de las adicciones químicas y podría complicarse en quienes lo padecen y presentar problemas físicos, psicológicos y sociales», según el psiquiatra español Antonio Terán Prieto, en un estudio sobre las Ciberadicciones.

Además, su uso compulsivo puede «agravar los síntomas de la depresión, ansiedad, el estrés y generar en una persona la convicción de que siempre debe estar conectada y crear así una adicción a las redes sociales y a los mensajes de texto, lo que puede contribuir al conflicto o al aislamiento de la familia o de la pareja», afirma a EL TIEMPO desde San Diego (CA) la doctora Mónica Arango, psicóloga licenciada por los estados de Nueva York y California.

Esa adicción puede provocar también problemas de concentración, alteraciones del sueño, insomnio, pulverizar la paz interior y la autoestima de una persona, si recibe, por ejemplo, pocos ‘likes’, y llevarla a creer «que los perfiles de las redes sociales son indicadores reales de la vida», añade.

«Las alteraciones más frecuentes van orientadas a cuadros de ansiedad y depresión siendo los jóvenes, niños niñas y adolescentes los más afectados, aunque pueden presentarse a cualquier edad»

Amenazas a la salud

En América, Europa y Colombia estas nuevas adiciones son preocupantes porque afectan la salud mental, familiar y social.

«Conductas compulsivas y la incapacidad de hacer uso del derecho a la desconexión pueden llevar al aislamiento y al rechazo de actividades recreativas o académicas; en casos más extremos, la ciber-dependencia puede afectar la salud mental y física de las personas constituyendo una conducta nociva, que afecta el funcionamiento del individuo, su capacidad de interacción, y lo conduce al descuido de sí mismo y de los hábitos básicos de vida saludables como el comer, el dormir o ejercitase», alerta a EL TIEMPO el doctor Cesar Humberto Torres González, médico psiquiatra especialista en Pedagogía para la Educación Superior.

Menciona que «las alteraciones más frecuentes van orientadas a cuadros de ansiedad y depresión siendo los jóvenes, niños niñas y adolescentes los más afectados, aunque pueden presentarse a cualquier edad».

También, conducir «a ciertos problemas relacionados con el control de impulsos. Las personas pueden empezar a creer que sus amigos, conexiones o seguidores virtuales son más importantes que las relaciones en sus vidas reales», afirma la Dra. Arango.

Igualmente, «a que las personas abandonen aspectos reales e importantes de sus vidas como hobbies o intereses relacionados a conexiones reales con las demás personas y al uso de pornografía virtual en reemplazo de una sana sexualidad o a compras o a apuestas compulsivas», entre muchas otras cosas, advierte.

El dilema social

Lo grave es que la salud mental de las sociedades futuras dependerá de la de los actuales niños, jóvenes y adolescentes y, por eso la preocupación de investigadores y sociólogos.

Es necesario que aceptemos que «vivimos en la era de la Industria 4.0 inmersos en la Cuarta Revolución Industrial y que el uso de tecnologías disruptivas está produciendo una transformación digital de la sociedad, en un proceso sin retorno y, por eso, es necesario adaptarse a estos cambios sociales» y evaluar las acciones que debemos tomar frente a ellos, dice a EL TIEMPO el respetado profesor Luis Joyanes Aguilar, doctor en Informática y Sociología y catedrático de Lenguajes y sistemas informáticos de la Universidad Pontificia de Salamanca, en España.

«En la sociedad actual existen numerosas tecnologías disruptivas, y los teléfonos celulares y la red internet son pilares básicos de la nueva era de la Hiperconectividad que viene impulsada por las redes 5G (ya, muy desplegadas en Colombia y España) y las redes Wifi 6 que integran tendencias tecnológicas como Inteligencia Artificial (IA), y el aprendizaje automático o aprendizaje de máquina (‘machine learning’), ‘big data’, Internet de las Cosas, la Nube (‘cloud computing’), Ciberseguridad o la emergente ‘blockchain’ «, puntualiza.

En su opinión, «la era de la hiperconectividad predice miles de millones de objetos inteligentes de todo tipo conectados entre sí y a internet, lo que supone más preocupaciones por la conectividad de todos ellos…» pero recuerda que «no se puede detener el progreso de la tecnología, como dice el gran pensador Yuval Noah Harari en su libro ‘Homo Deus’ «.

Comparte las preocupaciones sobre el uso abusivo de los celulares y el internet y acepta que hay que tomar medidas oportunas para contrarrestar sus efectos, pero precisa que tendría que estudiarse con más profundidad el por qué se están produciendo hoy este tipo de nuevas adicciones.

«Los problemas mentales y de ansiedad empezaron a aumentar antes de la irrupción de los móviles y se han fortalecido con la pérdida de empleo, crisis económicas, presión académica y la actual pandemia de coronavirus, y por eso es indispensable conocer el origen real del problema antes de buscar solucionarlo», afirma.

De los 7.700 millones de personas que hay en el mundo, se estima que en 2019 el total de usuarios activos de internet vía celular eran casi 4.000 millones de personas, y este año la cifra creció un 7 por ciento y alcanza hoy los 4.540 millones de personas, según datos de Marketing&Comerce, de Estados Unidos.

En Colombia, en el último año se conectaron a internet 3 millones de personas más que en 2018 y el número de accesos a internet por celular por cada 100 habitantes se situó en el 57,4 por ciento, según el Ministerio TIC.

«Los problemas mentales y de ansiedad empezaron a aumentar antes de la irrupción de los móviles y se han fortalecido con la pérdida de empleo, (…) y la actual pandemia»

En las edades escolares y de secundaria se observa este uso compulsivo de tecnologías puede generar y mantener episodios de ‘bullying’, los cuales contribuyen a deteriorar el autoestima de los jóvenes hasta el punto de llevarlos a considerar el suicidio», dice la Doctora Arango.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud del año pasado, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y 19 años.

Estas adiciones pueden dificultar «las relaciones interpersonales sanas, el menosprecio por el otro en lo que se ha llamado de ‘phubbing’, un término inglés formado por el acrónimo de ‘phone’ (teléfono), que significa ignorar al otro frente a un celular, o también desarrollar otros síntomas como el de ‘taxiedad’, el sentimiento de angustia al no recibir respuesta a un mensaje”, según el psiquiatra Torres.

Igualmente, presentar «la nanofobia o miedo irracional a salir de casa sin el teléfono celular, o el ‘vamping’ que se refiere interrupción de los ciclos normales de sueño entre otros, lo que puede conducir a patologías de depresión incluso a constituirse en factores de riesgos más graves como la incidencia en índices de conducta suicida y la decadencia de las relaciones interpersonales y sociales», sostiene.

Los síntomas mencionados se trasladan a todos los escenarios de la vida, afectándolo todo.

«Las alteraciones de sueño originadas por la sobre exposición a pantallas es muy común con todas las consecuencias que trae el insomnio como irritabilidad, alteración de la memoria y la concentración, afecciones de la coordinación y la locomoción, espasmos, cefalea tensional entre otros. Se registran también, alteraciones posturales o ergonómicas generadas por el uso excesivo de dispositivos en posiciones corporales inadecuadas, la irritación ocular, el síndrome del túnel del carpo entre otros», afirma el doctor Torres.

Las acciones

El Papa Juan Pablo II decía que el futuro comienza hoy, no mañana, y en eso radica la construcción de las sociedades futuras pues exige una toma de conciencia del presente para que podamos construir un futuro mejor.

La pregunta del millón sería: ¿Qué tipo de mundo podemos esperar de una sociedad cuyos integrantes no interactúan, no socializan y no tienen entre sí el suficiente contacto humano?

«Un mundo carente de relaciones e interacciones humanas sanas, vividas y activas. Aunque no se trata de satanizar el internet y los dispositivos electrónicos pues estos ofrecen muchas ventajas; es responsabilidad colectiva generar buenos comportamientos en ambientes digitales y generar mecanismos de educación que desarrollen competencias socioemocionales para afrontar los retos tecnológicos de forma efectiva, funcional, productiva y socialmente positiva», responde Torres.

Hay que espantar la idea de que el mundo cibernético es compulsivo y entender que el proceso digital que vivimos es una realidad crece a gran velocidad, y necesitamos es moldearlo hacia una mejor calidad de vida para el ser humano.

Hoy, «los jóvenes son adeptos al uso de todo tipo de tecnologías. La clave es que tengan un balance entre el mundo virtual y el mundo real. Debemos motivar a los padres, madres y educadores para que estimulen el desarrollo de la persona en su totalidad. Promover las conexiones sociales y ayudar a las personas a navegar en todo tipo de situaciones sociales», recomienda la psicóloga Arango.

Promover, además, «el desarrollo de la autoestima saludable, basada en características propias de una persona y no en valores externos a ella. Generar más autocompasión en lugar de una posición autodestructiva. Como sociedad debemos proveer apoyos a nuestros jóvenes cuando no existen familias. El desarrollo de intereses diversos, ya sean actividades físicas o artísticas, al igual que la comunicación consistente con sus padres, puede ayudar a promover un balance más saludable», añade.

El profesor Joyanes también sugiere: «Los padres, abuelos, padrinos, etc., deben ayudar a sus hijos en el uso eficiente y positivo de celulares y acceso a redes e internet, sobre todo, en la infancia y adolescencia. Enseñarles los innumerables beneficios pero también los riesgos y peligros, amenazas y la adicción, que pueden provocar».

En lo educativo, «los colegios y las universidades deben incluir en sus planes de estudios asignaturas, seminarios o similares, con contenidos teóricos y prácticos que expliquen, no solo su funcionamiento correcto, sino los riesgos por su mal uso y cómo evitar la adicción con su uso continuo».

En lo profesional sugiere cursos gratuitos o de bajo costo de capacitación para adultos, que no cuenten con conocimientos, en donde se les oriente también sobre las ventajas y riesgos de la abusiva utilización de celulares, redes e internet.

Expertos recomiendan no temer al futuro, sino tratar desde el presente prepararnos para su sano y productivo advenimiento.

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